Solo una idiota se enamora

Prosa simplona.

Se llamaba Aethelstan. Era alto, de piel morena bronceada por el sol que baña el mar del Norte, su pelo era negro y enmarañado como las redes de los pescadores, sus brazos eran fuertes como la madera que trae las olas […]”

Ay, madre, ¿qué me había perdido? Si es que eso de las dinastías solo lo sigo en los culebrones, si me sacan de ahí pierdo el hilo en la primera infidelidad.”