El ordenador asesino

En los comienzos de Internet, en sus mismos albores, un intrigante caso policial es investigado por una joven inspectora de policía, que muy bien caracterizada como figura femenina se enreda en esta aventura de informática, misterio y crimen. Para los lectores coetáneos de esta novelita, allá por el año 1997, muchos de los términos relacionados con la informática no les sonarían y para los lectores de dos décadas después algunos de esos términos son conocidísimos y otros obsoletos; por lo que las notas a pie de página que incluye el libro es de utilidad en ambos espacios temporales. Mención especial para el traductor, que en vez de poner “descargar” mantiene el término francés “télécharger”, “telecargar” pone él, dejando un poso de exotismo muy peculiar. Para el lector del siglo XXI, supone una expedición arqueológica a los inicios de la informática en línea y se encuentra con las previsiones que se elucubraban sobre esta tecnología.

Don Pío

Todas unas simpáticas aventuras las de este don Pío. Don Pío y sus dineros, ¡qué pronto se le van!

Don Pío o cómo puedes pasarte 30 años haciendo la misma gracieta y que te resulte; de todos modos es muy entretenido, razón poderosa de por qué dio resultado durante tanto tiempo. Refleja la sociedad de la época franquista con todo lujo de detalles en el aspecto social. La presencia constante de la mujer de don Pío en las historietas permite saber muchas cosas de lo que vivían las mujeres en aquella España. Benita encarna la figura inmutable, inamovible de la ama de casa.

Era tradicional en las revistas de historietas hacer números especiales, cada año, por primavera y por Navidad. Don Pío también protagoniza aventuras navideñas y, como es tradición, salen en las tiras cómicas dos escenas muy llamativas de aquellos años; la del agente de tráfico en medio de la vía pública, dirigiendo el tráfico subido en su plataforma, en medio de los coches, y rodeado de los paquetes de regalo que le obsequian sus urbanos vecinos; la otra es la de los vendedores de pavos en las calles, que venden a los mocosos animalitos vivos y el cliente se lleva a casa, atado con una cuerda, al pavo, que sigue al padre de familia, cual perrillo con correa.